La agricultura urbana y las ciudades

Por: Josep Maria Vallès

Bajo el paraguas de agricultura urbana se han desarrollado muchas iniciativas diversas, algunas de carácter lúdico, otras más productivas o sociales. Hay que conceptualizar qué es la agricultura urbana, una especie de oxímoron que expresa la relación entre dos realidades aparentemente opuestas pero que en realidad son complementarias y así ha sido históricamente. El término agricultura urbana se puede entender a partir de diferentes formas de relación y conexión, ya sea porque la agricultura ocupa el espacio urbano o bien porque la agricultura está en conexión directa con el ecosistema urbano. Probablemente este segundo concepto de agricultura urbana tiene más potencial e interés y es con el que trabajamos desde Tarpuna.

Para tener en cuenta la agricultura urbana o periurbana en la planificación de las ciudades hay que conocer las particularidades de la producción agraria y sus potenciales impactos productivos. Estos impactos no se deben medir sólo en la producción de alimentos, sino también el impacto social y ambiental que pueden generar los espacios productivos agrarios. El empleo, la formación, la terapia para colectivos con necesidades sociales, son también elementos beneficiosos para la sociedad que se pueden medir con indicadores socioeconómicos y, por tanto, pueden convertir el espacio agrario en generador de servicios y bienestar . Cualquier propuesta de desarrollar proyectos de agricultura urbana, ya sea con el objetivo de impacto social o con un objetivo más productivo deberá partir de un estudio cuidadoso de los elementos medioambientales que influyen en la producción que son principalmente la disponibilidad y calidad de el agua y la calidad del suelo. Este último es a menudo un factor crítico en espacios urbanos y periurbanos que han sufrido la degradación y contaminación del suelo por efecto de la actividad humana.

Los sectores agrarios con mayor potencial de impacto social y también con mayor potencial de impacto productivo son aquellos que requieren más mano de obra, como es el caso de la huerta en regadío. Pero el mantenimiento de estos espacios depende fundamentalmente del uso e implicación de las personas que lo cultivan. Es por ello que hay que hacer una valoración muy precisa y real de la demanda de uso, la organización social de la producción y la viabilidad económica de los proyectos de agricultura urbana. Este es un elemento fundamental de los proyectos de espacios agrourbanos que a menudo no se tiene suficientemente en cuenta. Vale la pena considerar diferentes modelos de organización y de gestión del uso de la tierra. Desde Tarpuna hemos impulsado proyectos colaborativos con modelos de organización diversos, más o menos comunitarios en el uso de la tierra y con estructuras y apoyo externo más o menos intenso. No existe un modelo perfecto aplicable a todos los proyectos, pero sí existen procedimientos que facilitan la adaptación a las personas que participan.

La agricultura en los espacios cercanos a las ciudades es una oportunidad para recuperar la relación entre el campo y la ciudad a través del flujo de alimentos y también del flujo de personas y mano de obra. Pero una relación ecosistémica entre agricultura y ciudad puede incluir otro elemento, la materia orgánica. Un residuo problemático en las ciudades pero un recurso de enorme valor para la agricultura si está bien gestionado. Aquí es donde se hace relevante el proyecto REVOLTA, una propuesta innovadora para devolver la materia orgánica directamente del consumidor a la explotación agraria y del que os daremos noticias más adelante.

Seguimos, pues, innovando con el objetivo de provocar cambios en el modelo de sociedad, y la agricultura es, sin lugar a dudas, una herramienta valiosa.