4 años viajando por el emprendimiento social

Por: Didac Ferrer

Más o menos cuando Stéphane Hessel publicaba «¡Indignaos!» iniciamos la aventura de crear la cooperativa Tarpuna, en la que hoy dejo de trabajar. Yo tenía ganas de respirar nuevos aires, sentirme útil, aprender cosas nuevas y dedicarme profesionalmente a algo más creativo, colectivo, transformador y emocionante. Llevaba más de catorce años pasados ​​trabajando en la universidad, primero como investigador, y luego como responsable de proyectos y equipos de sostenibilidad. Soplaban los aires del 15M y veía claro que más allá de la protesta, había que pasar a la acción. Muy decepcionado como tanta otra gente de la gestión pública y de la política, también de ciertas derivas de mi universidad, me preguntaba donde valía la pena dedicar mis esfuerzos profesionales. Entre otros, este artículo del Peter Drucker me inspiró. Poner en marcha una iniciativa con finalidad social podía ser un buen lugar. Con otras personas, nos ilusionó esto del emprendimiento social y nos tiramos de cabeza.

Imaginamos la cooperativa Tarpuna como un vivero abierto de iniciativas locales de transformación social que contribuyen a hacer un mundo más justo y sostenible (que es lo mismo, según cómo se mire). Era por nosotros -es todavía- un proyecto utópico al tiempo práctico, que quería llenar un vacío y partía sin muchos modelos de referencia. Mi propósito era experimentar si se podía crear una especie de «fábrica de sostenibilidad». Una organización que, cuanto más funcionara, más sostenibilidad generara. Sin dejar mi trabajo en la UPC, he dedicado muchas horas, pasión y energía, éxitos y fracasos, y he pensado que podía ser útil compartir algunos de mis aprendizajes y nuevos interrogantes. Todo lo que dejo a continuación es en forma demasiado simple, desordenada, quizá banal, porque merecería mucha más reflexión, pero tampoco quiero agobiar a nadie. Si te interesa estirar algún hilo, simplemente me contactáis y estaré encantado de compartirlo.

Conviene dedicarte a aquello que te sale bién

Creo que he podido hacer en Tarpuna lo que se me da mejor. Me gusta imaginar, prototipar, experimentar, y crear los espacios para hacer todo esto colaborativamente. Hacerlo en ámbitos que me motivan y preocupan personalmente, y en los que puedo poner en valor lo que he aprendido. También he visto lo que no me sale tan bien: hacer funcionar la máquina no es mi fuerte. Especialmente, los números no me interesan, me aburren y termino no aportando gran cosa. Mirarme el balance de situación me resulta soporífero. Y ya no te digo hacer tareas recurrentes o justificaciones de proyectos. Haber encontrado gente con tanta tenacidad como el Josep Maria, el David o el German ha sido una gran suerte.

El difícil arte de hecer crecer los proyectos y el equip al mismo tiempo

Ha sido la colaboración con las personas lo que me ha dado las mejores satisfacciones, momentos, ideas y soluciones. El truco no estaba en la tecnología, ni en las herramientas, sino en la ilusión y los valores compartidos. Pero también es cierto que los problemas más grandes siempre han venido de las personas. Encontrar de compatibles y complementarias no es nunca fácil. Hemos dedicado grandes esfuerzos para resolver problemas personales, pero diría que no es que hayamos tenido «mala suerte» ni que haya sido un «error del sistema», sino que forma parte de toda acción colectiva y nos pasa a todos, ¿verdad? Saber cuidar, entender, acompañar y empoderar a las personas es un arte en el que somos principiantes y al que creo que aún damos demasiada poca importancia. Durante los dos primeros años crecimos demasiado rápido, hasta ocho personas, y una buena crisis nos hizo retornar a ser cuatro. Ahora me voy yo, pero el equipo necesita volver a crecer, esperamos que habiendo aprendido de los errores.

Hay riesgos en trabajar colaborativamente con una estructura demasiado pequeña

Por necesidad y por diseño, a Tarpuna hemos aplicado nuevas formas de trabajar. Para los que seáis excursionistas, hemos ido en técnica «alpina» bien ligera más que con un «himalayismo» pesado. Descentralizados, dispersos en un radio de 80km, hemos trabajado como hemos podido: cada uno desde su casa, a los horarios que podíamos, y para encontrarnos hemos aprovechado las salas de reuniones gratuitas de los equipamientos públicos más diversos, pero sobre todo a base de entornos virtuales (googledrives, Skyper, Whatsapp y llamadas múltiples). Mi experiencia confirma lo que dice mucha gente: es imprescindible combinarlo con el encuentro «físico» regular. Los problemas se amplifican con demasiada virtualidad y la mediación tecnológica no sustituye una mirada o un golpe en el hombro. Recuerdo que Albert Cañigueral me decía hace unos años que, para evitar los peligros de la virtualidad excesiva, a Ouishare tienen incluso un principio: llaman MPRL (Meet People in Real Life).

Cómo se aplica la coherencia cuando declaras unos principios tan utópicos como la justicia social o la sostenibilidad?

Diría que la coherencia es una virtud de equilibrio, no de absolutos. Para poder arrancar, nos hemos comido con patatas unos cuantos principios sagrados de los alternativos. Hemos usado Google Apps for Business, hemos recibido dinero de La Caixa y de Compo. Y ya no quiero calcular los km que hemos hecho en coche, pero sería más de alguna vuelta al planeta. No lo trivializo, porque la conciencia autocrítica es imprescindible. Pero el exceso de dramatismo en estas cuestiones paraliza, y nosotros creo que hemos ido encontrando «nuestro» punto de equilibrio. Hemos repetido muchas veces que creábamos una entidad sin ánimo de lucro, pero también sin ánimo de pérdidas. La sostenibilidad económica es fundamental y tensiona los principios. Lo comentava el compañero de Tarpuna Josep Maria Vallès en un post reciente. Decíamos que no queríamos vivir de subvenciones y lo hemos conseguido: éstas sólo han representado un 11% en el último ejercicio, con una facturación de unos 200.000 €. El resto, proviene de ventas de servicios y productos que alguien (público o privado) está dispuesto a pagar.

Consultoria con los pies sucios

Tarpuna no es una consultora, pero hace consultoría. Hay un espacio para esta actividad que no se centra en vender recetas mágicas ni en el «copiar y pegar», sino en el aprender haciendo y compartiendo, centrada en las personas, más basada en la dinamización de procesos de empoderamiento colectivo que en los powerpoints impresionantes. Algunos que me inspiran lo llaman «consultoría artesana». Nosotros hemos dicho «consultoría con los pies sucios». El gran valor de lo que creo que aporta hoy Tarpuna (y que alguien está dipuesto a pagar) proviene de experiencias vividas y sufridas en propia piel, creando huertos sociales, trabajando el ahorro energético o la fabricación social con escuelas o con personas en riesgo de exclusión. Es un proceso compartido, y tan importante es la actitud de quien hace la consultoría como de quien la encarga. Por suerte, cada vez hay más personas a la administración o en las entidades que saben dar valor y encargar este tipo de trabajos.

Pocas de mis»ideas geniales» són buenas

No es oro todo lo que reluce. La cultura de la «idea genial» está sobredimensionada, especialmente en ámbitos complejos donde lo que se trata es de «mejorar la sociedad» o «hacer un mundo mejor». Las buenas ideas sólo lo son si «la sociedad» las acredita como tal, y esto ni es inmediato ni fácil. Que yo piense que mi idea es buena no significa nada, y he visto que la mejor manera de resolverlo es plantear los procesos de cambio con enfoques de co-creación y de diseño empático para asegurar que las ideas nazcan con una apropiación colectiva. Fue para mí una lección ejemplar todo el proceso del proyecto infinitloop (que ahora ha mutado en untresor.org/), una idea mía que -ingénuo yo- me creí que era genial y que ha costado esfuerzos ingentes implantar. Hay por lo tanto una buena dosis de humildad, sí, pero eso no quita que para aprender (y desaprender) hay que ir probando y arriesgando.

El cooperativismo es un mundo antiguo lleno de futuro

Una de las cosas que me ha parecido muy interesante de estos años es conocer mucho mejor el mundo del cooperativismo. Sin ser a priori un fan incondicional, he ido viendo que es uno de los modelos organizativos más potentes para salir de una lógica capitalista que nos ha acaparado en todos los rincones y podrido socialmente. El modelo es muy interesante, pero como tantas otras cosas el secreto no está en la herramienta o la forma jurídica, sino en su aplicación a la práctica. Cooperar y colaborar genuinamente es mucho más difícil que competir, pero mucho más interesante y socialmente transformador. Desde dentro, he podido ver como el sector de la economía social y solidaria crece como un bosque: no se le oye, pero es impresionante y prometedor. Mientras tanto, los viejos árboles (IBEX y otros mamuts indexados) hacen mucho ruido, sobre todo cuando caen.

Resistir los cantos de sirena

En contrapunto a lo anterior, es necesario también decir que se ha mitificado la figura del emprendedor social para crear una trampa en la que fácilmente hemos caído. Hay necesidad de glorificar los héroes «correctores» de un sistema perverso. Utilizándolos para llenar programas de jornadas, vender nuevos cursos de escuelas de negocios, o hacer amable la foto de un alcalde o empresario moderno. Los medios se apuntan al carro y amplifican esta visión, como lo podían hacer con la de los cooperantes hace unos años. Es muy gratificante para el ego de un mismo ser visto como este héroe, y escuchar sus cantos de sirena y entrar en un juego de vanidades más cercano del «business-as-usual» que al cambio social. Las redes sociales te hacen sentir mucho más importante de lo que eres, y luego viene la cruda realidad: los resultados y los impactos no se correlacionan con tu «ruido» en la red, el número de seguidores o de «elevator pitch» que hagas en IESE.

Yo he tenido mis pequeños momentos de gloria, como cuando salí a la contra de El Periodico o hice una presentación sobre la alfombra roja del TEDxBarcelona. Confieso que me lo pasé muy bien, y creo que ha sido útil para la difusión del trabajo que hacemos, pero mi lección personal es que conviene tener los pies en el suelo. La realidad pura y dura es por ejemplo que yo no me puedo ganar el pan que necesitamos en casa si sólo trabajara en Tarpuna. De momento, en la universidad me pagan mucho mejor. La mayoría de los emprendedores sociales que he conocido ponen dinero de su bolsillo para hacer realidad sus proyectos, viven con una pareja que tiene el sueldo asegurado o tienen una vida muy precaria. Pero sí, salimos en las fotos y nos sentimos importantes cuando nos invitan con un keynote speech …

Emprender para intra-aprender mejor

Me llevo un montón de ideas hacia la gestión pública. Es muy interesante pasar por la experiencia de tener que ganarte los clientes cada mes, concretar los servicios o productos en cosas tangibles y no perder el tiempo que nadie está dipuesto a pagar, porque no genera valor. Pero también genera una presión que ahoga y puede derivar en una carrera al resultado y una visión reduccionista.

Se puede hacer transformación social muy comprometida desde el ámbito público, hay instrumentos muy potentes y palancas de cambio que todo emprendedor social soñaría. Para mí, el problema es que hay que cambiar de raíz los valores dominantes en el sector público. La cultura debería ser mucho más cercana a la que se respira en un entorno cooperativo y socialmente comprometido, pues lo que tenemos entre manos los trabajadores públicos (hacer funcionar las cosas de todos) se le parece mucho.

El dia solo tiene 24h

Pero por qué dejo ahora Tarpuna? Lo hago por una necesidad de sostenibilidad personal y familiar. Un principio de la sostenibilidad es asumir los límites. No se puede estar en todas partes, ni quiero hacerme el héroe. Compaginarlo con otro trabajo y una familia numerosa ha sido costoso para todos (y yo era quien tenía los minutos de gloria …). De hecho el momento es bueno, hemos superado los años más difíciles. Por ejemplo, ya llevamos dos ejercicios con resultados positivos.

I para acabar…

Deseo lo mejor a mis amigos y compañeros que cointinuan, y agradezco a la vida esta experiencia de aprendizaje tan intensa. Animo a todo trabajador público que no lo haya hecho a adentrarse en el mundo de la economía social. Y ahora, en esta nueva fase, puedo dedicar aún más energía a aprender muchas cosas nuevas con el Programa Nexus24 de comunidades colaborativas de la UPC, un trabajo creativo, colectiva, transformadora y emocionante. Era lo que buscaba, no?